Descubriendo un mundo paralelo: el mundo de los ciclistas

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Liz
Liz

Hace dos años renuncié a mi trabajo de oficina y por vueltas que da la vida terminé trabajando en una tienda de bicicletas (sin saber montar bici). Siendo totalmente franca, lo que me “jaló” de este nuevo trabajo era que podría controlar mis tiempos de trabajo “en oficina”. Cuando empiezas en una nueva chamba, como muchos de ustedes sabrán, pasas por un tiempo de “adaptación” sobre todo al modo de trabajo de tus compañeros y, en este caso, al perfil de los clientes de la nueva empresa en la que estás trabajando. 

Homero buscando buen trabajo.
Siempre Homero, nunca inHomero.


Pues bien, para que entiendan un poco, yo venía del mundo corporativo financiero, donde, digamos, el nivel de estrés a veces se apodera de ti y la mayoría de veces en el día no sabes si mandar a la mierda todo (o a todos) o si adoptar una postura zen e invocar a todos los dioses del olimpo para llevar un día a la vez. En fin, cuando empecé a trabajar aquí, en Anza, no sabía que descubriría un mundo (en Lima) que francamente pensé que no existía (porque la verdad con las justas veía la luz del día de lunes a viernes).

Descubrí que hay personas que no llegan estresadas a su trabajo. Aunque no me crean, y yo no lo hubiera creído si me lo contaban, existen seres que en vez de subirse a su carro todos los días para luchar contra cientos de carros más, renegar porque la combi se les cruza, insultar a los taxistas porque se les “mete”, maldecir a las madres de los demás conductores y/o todas las anteriores; existen personas que toman la decisión de ir en bicicleta. Extrañada del porqué lo hacían (sobre todo porque manejar bici en Lima supone desde ya enfrentarte a muchos miedos) decidí conversar con muchos de ellos y las respuestas eran variadas, pero en resumen las razones son: ahorro de tiempo (control de tu vida), ahorro de dinero, hacer ejercicio y estar harto de viajar en bus o combi.

Pasando a los carros en bicicleta.
Nada como verlos quedarse atrás y tristes/impacientes.

También descubrí que los ciclistas crean comunidades, desde los que tienen un estilo “tranqui” y tienen una bici de paseo o beach cruiser, hasta los más “achorados” que tienen bicicletas de ruta, montañeras o fixies y pueden ir desde su casa en Los Olivos a su trabajo en Miraflores o San Isidro en 40 minutos. Al preguntarles a todos por qué se aventuran a hacer rutas tan largas en una ciudad que claramente no está construida para eso, la respuesta es casi unánime: porque me hace feliz ver cómo avanzo y que los demás se quedan “atorados”.

Finalmente me di cuenta de algo más, cada vez que vienen ciclistas a visitarnos en Anza están felices (o al menos lo parecen) incluso después de haber tenido un accidente (no tan serio) con algún carro, taxi o combi. Y bueno, después pensarlo un poco es obvio el porqué: todos los días liberan endorfinas y eso los hace más felices.

Elmo bicicleteando feliz.
Bicicletear = Felicidad

Ha pasado un año desde que aprendí a montar bici y aún no me muevo por la ciudad como quisiera, pero les estaré contando como va mi progreso en las siguientes semanas…

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